El llamado “oído de nadador” es una afección frecuente durante los meses cálidos o en personas que practican natación de forma habitual. Aunque suele ser leve si se trata a tiempo, puede resultar muy molesto y afectar temporalmente a la audición.
El oído de nadador, conocido como otitis externa, es una infección del conducto auditivo externo, es decir, la parte del oído que conecta el exterior con el tímpano.
La causa principal es la humedad prolongada en el oído. Cuando el agua queda retenida en el conducto auditivo, crea un ambiente ideal para el crecimiento de microorganismos.
Suele afectar de manera más habitual a nadadores habituales o deportistas acuáticos.
El oído de nadador suele comenzar de forma leve, pero puede empeorar si no se trata. Los síntomas más frecuentes son dolor en el oído, especialmente al tocarlo o moverlo, picor en el conducto auditivo, sensación de oído tapado, disminución leve de la audición, inflamación y secreción de líquido.
Consecuencias para la Salud Auditiva
En la mayoría de los casos, el oído de nadador no provoca daños permanentes si se trata correctamente. Sin embargo, si se prolonga o se repite con frecuencia, puede provocar pérdida auditiva temporal debido a la inflamación o la acumulación de secreciones, dolor intenso e infecciones más profundas si no se controla a tiempo
Para evitar esta situación hay que recordar secar bien los oídos después de cada baño o ducha o utilizar tapones a medida específicos para el baño si se es propenso a infecciones.
Cuida tu audición tras la infección
Aunque el oído de nadador suele resolverse sin complicaciones, es importante prestar atención a la recuperación. Si después de la infección la audición no vuelve a la normalidad o persiste la sensación de oído tapado, es recomendable realizar una revisión auditiva.
Detectar a tiempo cualquier alteración es fundamental para mantener una buena salud auditiva y evitar problemas a largo plazo.